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16 de mayo de 2018

Urano en Tauro: El Espíritu abraza la Materia

"Alpha Tauri" by kevinleedrum - deviantart profile


Que Urano entraría el día 15 del corriente mes en Tauro es algo que se venía vaticinando en las redes desde que arrancó el año, -y antes también-. Es que, pese a su fama de adelantado, este planeta es responsable de movimientos sociales a gran escala; movimientos que han estado imbuidos por la energía del signo en tránsito y que han irrumpido, fieles a la imagen del rayo, en el status quo de un determinado tramo histórico como punto de quiebre.

Urano, el señor de los cielos, es uno de los arquetipos más antiguos del panteón griego: junto a Gea, la Tierra, dieron origen a toda vida partiendo del Caos. De esta unión nació, entre otros, Cronos (Saturno) quien más tarde sería el padre del mismísimo Zeus (Júpiter). Su papel en la astrología tradicional es el de rompedor de lo establecido, rebelde con o sin causa y genio visionario. De allí que muchos dirijamos la atención a sus movimientos, puesto que la luz que porta no suele pasar desapercibida. 

Como planeta símbolo de la Humanidad, en analogía con la regencia en Acuario y con un ciclo de 84 años alrededor del Sol, -es decir, una biografía humana ideal-, debemos prestar especial atención a sus ritmos de 7 años, durante los cuales va visitando e iluminando cada faceta del zodíaco. Con cada unos de sus rayos lanzados a la Tierra, Urano va despertando conciencia y progreso sobre ciertos aspectos que, a la corta o a la larga, nos beneficiarán como raza. 

Pero una cosa es imaginarlo en signos afines al elemento aire, como Géminis o Libra, y otra muy distinta es figurárselo retozando por las bucólicas praderas taurinas, causando estragos entre el ganado... Luego de haberse pasado los últimos tres septenios en su propia casa (Acuario), en el compasivo Piscis y el belicoso Aries, pareciera que le llegó la hora de bajar las revoluciones y promover sus cambios con pragmatismo y cierta lentitud. No obstante, si de algo se puede estar convencido es de que ni el transpersonal ni el Toro están cómodos con semejante visita. 

Aún así, y por esa pieza de la astrología que siempre está más allá de nuestro alcance, podemos prever que ambos tendrán que aprender a cooperar durante los próximos años, y que dichos cambios tendrán en constante revolución y reformulación a la economía y las finanzas, al campo y la agricultura, la industria cosmética y las artes. A todo esto podemos sumarle el sentido del propio valor y la relación con el cuerpo, temas en los que Urano hará saltar la térmica con el propósito de esclarecer y renovar. Será un tiempo de llevar a la práctica esos ideales de fraternidad y evolución de los que tanto se viene jactando la ola new age, pero de los que todavía necesitamos aprender. 

En lo personal, veo este tránsito como uno de esos rayos que iluminan la noche tormentosa cayendo directamente sobre nuestro ADN, para remover capas densas de sombra instintiva en pos de la activación de partes adormecidas de nuestro genoma. Por supuesto, esta será una labor con tiempos acordados entre lo taurino y lo uraniano, que nada tendrá que ver con poner concentración en ello, sino con saber aceptar y transitar lo que el cuerpo, -nuestro traje espacial material-, nos pide.

A raíz del factor tiempo, vale destacar que, si bien Urano estará unos varios meses en Tauro este año, hacia fines del mismo regresará a los últimos grados del Carnero para repasar la autenticidad de nuestros deseos y la manera en que somos conscientes de nuestra creatividad. No será sino hasta el 6 de Marzo de 2019 que se quedará definitivamente en el segundo signo, electrificando, más que nada, a quienes tengan puntos clave de su carta en los primeros grados de Tauro, Escorpio, Leo y Acuario

Quizás, la belleza a apreciar en este ciclo aparentemente incompatible de planeta y signo sea justamente eso: que dos focos tan diversos también tienen, en el Cosmos, su hora y lugar para encontrarse y generar luz de consciencia. Siendo Tauro el portador de la virtud del Progreso, mediante el desarrollo de la Ecuanimidad, o igualdad de ánimo, podemos atisbar un nuevo despliegue global de creatividad aplicada a lo material, al trabajo, a la tierra. Después de todo, no valdrá de nada sentarse a esperar que las vacas vuelen bajo este tránsito; lo valioso será elevar nuestros recursos al "cielo" y compartirlos con todas las formas de vida que nos acompañan, incluidos nosotros mismos.

¡Feliz tránsito!     
  
      

27 de septiembre de 2017

De Ofiuco, constelaciones desplazadas y otros cuentos

Imagen tomada de Esoterismos.com


Hace dos días un reconocido periódico online de Buenos Aires sacó a relucir una noticia rancia; revisando, di con otra similar publicada dos años antes por un diario español. ¿Qué tienen en común? Ambas tocan muy de cerca algo que la enorme mayoría conocemos desde nuestra infancia: el signo del zodíaco al que pertenecemos
A raíz de varias dudas que recibí, y de que no son los primeros -ni únicos- medios en explotar el tema, decidí hacer un repaso sobre ciertas cuestiones. 

Vamos por partes...

Seguramente, alguna vez todos nos preguntamos por qué los signos estelares son doce, y no veinte o quince. Lo cierto es que podría escribirse todo un apartado con las razones; pero me limitaré a lo que quepa en esta entrada. Para empezar, en astrología hablamos de la eclíptica, que es el curso imaginario del Sol visto desde la Tierra (porque, claro está, no es la estrella quien se mueve). Dicha eclíptica tiene la particularidad de superponerse a doce constelaciones de las ochenta y ocho conocidas; entre ellas, una decimotercera llamada Ofiuco, el Serpentario

Ahora bien, ¿por qué no se tuvo en cuenta como signo? Existen múltiples suposiciones al respecto. La astrología es una ciencia muy antigua que hunde sus raíces en la rica cultura de la Mesopotamia. Sin embargo, no fue hasta el siglo V a.C. y de la mano de los griegos que se definió a la eclíptica en doce segmentos de 30°, conformando así los 360° de circunferencia. El número en cuestión fue escogido entre los conocedores porque esotéricamente representaba un nivel de perfección y culminación que superaba al del número diez. Para eruditos como Pitágoras y Platón (por mencionar los más conocidos) era un número clave. 

Ya con la llegada de los acontecimientos bíblicos, -y por mucho que a algunos les pese la alusión-, el simbolismo del 12 alcanzó absoluto protagonismo: doce eran las tribus de Israel; doce los profetas menores; doce los apóstoles elegidos; doce las legiones de ángeles a favor de Jesús; doce las puertas de Jerusalén... y las enumeraciones siguen. Por si fuera poco, a todo esto se sumarían los doce meses que el calendario romano llegó a establecer y que, a hoy día, seguimos utilizando, incluso sabiendo que no brinda la disposición más orgánica.  

Aclarada la elección del doce por sobre el trece, quisiera remarcar lo obvio: que este último no fue omitido sólo por superstición, como aseveran algunos redactores lanzados; sino porque, en contrapartida, el doce representaba una totalidad en varios sentidos, y era perfecto para la división espacio-temporal.  

Otra de las desinformaciones que circulan es la que habla de las "constelaciones desplazadas"; y la catalogo de "desinformación" no porque no sea verídico lo que se plantea, sino porque la redacción de la noticia parece más querer echar por tierra ciertos fundamentos de la astrología y la labor de los astrólogos, que explicar realmente de qué se trata el asunto, y por qué, en todo caso, se siguen respetando esos fundamentos.  

La precesión de los equinoccios es el movimiento retrógrado de los mismos puntos, y fue deducida por Hiparco de Nicea en el siglo II a.C. Básicamente, y para que se entienda, establece que el paso del Sol por una determinada constelación se repite con un leve corrimiento año tras año; lo que lleva, milenios de por medio, a trasladar los equinoccios de una formación de estrellas a otra. Por ejemplo: si el 0° de Aries coincide en determinado momento histórico con la Primavera, 2.160 años más tarde caerá en Piscis, y otros tantos después, en Acuario. La precesión de los equinoccios es lo que determina las diferentes Eras Astrológicas.

Entonces, ¿están corridas las fechas de inicio y culminación del paso del Sol por cada signo? La respuesta es un rotundo y astronómico sí; no obstante, es algo que no afecta para nada a la astrología que conocemos, puesto que la misma no se basa en la relación signo-constelación, sino en la cualidad energética de los espacios de 30° que conforman la eclíptica, arriba mencionados.      
Bruno Huber, reconocido en la materia, lo explica en su libro "Los signos del zodíaco. Reflexiones y meditaciones"

"Desde el principio, el área de influencia zodiacal de Aries no tuvo nada que ver con la constelación de estrellas fijas de Aries. El área de influencia era, y es aún hoy, el espacio por el que el Sol se desplaza tras pasar por el punto vernal [...]. La irradiación de las cualidades energéticas zodiacales no proviene de las constelaciones, sino de los signos, es decir, de esas secciones de 30° de la trayectoria del Sol que en la actualidad están desplazadas a la derecha (unos 30°) con respecto a las constelaciones del mismo nombre".
  
En conclusión, la astrología occidental seguirá rigiéndose por los doce signos tradicionales durante otro largo período (al menos, en mi caso y en el de aquellos colegas que mantengan la perspectiva). Para los que se preocupan de que su signo haya cambiado o no le corresponda más, sepan que no existe argumento astronómico que refute con seriedad las bases de la astrología antigua y moderna, más allá de los refritos periodísticos que no cesan  de causar confusión en su avidez de lectores y visitas.   

A continuación, dejo los links de ambas noticias:




Bendiciones y bella vida.





Referencias: Bruno Huber, "Los signos del zodíaco"; Jim Tester, "Historia de la astrología occidental"; www.espacoastrológico.org.        


21 de agosto de 2017

Eclipse Total de Sol - Agosto 2017


El fenómeno celeste conocido como "eclipse" involucra a dos cuerpos de gran relevancia para la vida en la Tierra: el Sol y la Luna. Esto, era razón de más para que los astrólogos y astrónomos de antaño se preocuparan por saber cuándo ocurriría y pusieran especial empeño en interpretarlo. Sin embargo, lo hacían fundamentalmente porque consideraban a este suceso como algo negativo, pues, a la gran mayoría de la gente, le provocaba terror ver a su única fuente de luz y calor natural ensombrecida. Y todo eso sin tener en cuenta las supersticiones que circulaban, ni el significado espiritual que se le atribuía.

Lo que todos sabemos hoy, siglos después, es el principio astronómico de por qué ocurren los eclipses: la Luna se interpone entre la Tierra y el Sol, durante la fase de novilunio, y su disco (desde nuestra engañosa perspectiva) se superpone al del Astro Rey, por algunos minutos. No obstante, por otro lado, todavía quedan reminiscencias de esa connotación oscura y fatalista que se les adjudicaba. Y eso se debe, en buena parte, a entendidos en la materia que han conservado esas interpretaciones antiguas, quizás, por falta de adecuación a las nuevas necesidades de la humanidad.

Pero mirando el cielo un poco más actual, hace algunas horas experimentamos el evento de un eclipse solar total, ocurrido en los últimos grados del signo de Leo, en conjunción a la reconocida estrella Regulus, "el pequeño rey". El mismo tuvo mayor rango de visibilidad en el hemisferio norte; así como el próximo, de tipo parcial en febrero de 2018, será observable al sur del globo. 

Y en esta parte me detengo para aclarar que, al igual que sucede con los planetas, los eclipses tienen su propio ciclo que se repite cada 19 años. Por lo tanto, no se trata de eventos aislados portadores de calamidades, ni tampoco portales que liberan oscuridad. Desde la visión humanística y evolutiva de la astrología, durante un eclipse total de sol, dependiendo de si ocurre cerca del Nodo Norte o Sur de la Luna, puede traernos cuestiones del pasado que irrumpen en nuestro presente, para ser integradas o resueltas; o bien puede activar lo necesario para que nos enfoquemos en el aquí y ahora, brindándonos el "piso" emocional para que saquemos algo de nuestro ser a relucir. 

Volviendo al evento astronómico de hoy, sabemos que ocurrió cerca del Nodo Norte (25° Leo), con lo cual, podemos decir que estuvo sacando a flote (y lo seguirá haciendo hasta febrero) todo tipo de situaciones ligadas a nuestro pasado, con el fin de purgar nuestra consciencia, personal y colectiva, en pos de desarrollar una identidad más plena y auténtica con el Ser Esencial de cada quien. Recordemos que en el eje nodal, del otro lado, se encuentra Acuario, con su llamado a que cada ser humano individual coopere con lo grupal; en este caso, sin perder su centro interior. 

Para terminar, me gustaría recalcar que quienes tengan planetas, o puntos importantes de su carta, en los signos fijos (Tauro, Leo. Escorpio y Acuario) serán los que perciban las oportunidades y requerimientos energéticos de este eclipse con mayor intensidad. Para ellos, todo lo dicho será más que evidente, siempre que, precisamente, no se cierren. Después de todo, si tenemos en cuenta que lo que nos llega como experiencia es un mensaje particular del alma en evolución, hay que reconocer que los colores los asigna nuestra mente y  sus creencias. 

Los dejo con este regalo musical, un clásico muy apropiado para la ocasión astronómica... Abrazos cósmicos. 


      
     
        
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